I. ¿Es malo que un cristiano tenga dinero?

"Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos"

 

Querido lector.

Es un gusto para mí poder escribir por primera ocasión en este medio y compartirte una pregunta que ha rondado por mi cabeza desde hace casi 7 años. Después de mucho tiempo de reflexión y de oración, he llegado a la conclusión de que el tema del dinero para un cristiano es una de las preguntas más importantes que debería hacerse. No espero en este artículo date muchas respuestas, sino dejarte con muchas preguntas para ti mismo.

 

El dinero es una realidad a la que los laicos nos enfrentamos día a día. Quien puede negar que el mundo actual se mueve por y alrededor del dinero. Las familias enfrentan gastos, los padres tienen que salir a trabajar para proveer a sus hijos de lo necesario, la pobreza es el discurso más recurrente de los gobiernos y los organismos internacionales, pero:

 

¿Qué significa eso para un cristiano que sabe que esta vida material no es la más importante, sino que debe de luchar día a día (con la ayuda de Dios por supuesto) para buscar la vida eterna?

 

Permíteme compartirte, querido lector, por qué esta pregunta ha rondado mi cabeza durante tantos años y porque he dedicado mucho de mi tiempo a hablar sobre este tema con mis alumnos, mis amigos y mi familia.

 

Provengo de una familia de clase media baja que con el esfuerzo y trabajo constante de mi padre (QEPD) logró escalar hasta convertirse en una familia de clase media alta. Cuando era niño pasé algunas carencias, pero mi padre (que siempre fue mi mejor amigo y la persona a quien yo más admiro) vivió una infancia muy diferente a la mía. Mi abuelo murió a los 35 años dejando a una mujer viuda sin educación y con 7  hijos que supo sacarlos adelante con trabajo y muchos sacrificios. Vaya si ellos pasaron carencias, y fue hasta entrada mi adultez que me di cuenta, que el dolor que mi padre vivió en su niñez por la falta de dinero me marcó para toda mi vida. Siempre he tenido miedo de ser pobre y sobre todo de que mis hijos lo sean. Este pensamiento creó para mí lo que los psicólogos definen como un “sentido económico alto” en mi escala de valores, que en términos simples significa que casi todo en la vida tiendo a verlo en pesos y centavos, y tengo la facilidad de entender el sentido económico de las cosas.

 

Desde que estudiaba en la universidad tenía claro que mi objetivo era hacer dinero y aunque estudié en escuelas católicas, utilizaba como escudo aquel pasaje de la escritura en que el joven rico se acercó a Jesús para preguntarle sobre como logar la vida eterna. Mi padre solía decirme que Jesús respondió: “si quieres ser perfecto” ve y vende todo lo que tienes y luego ven y sígueme. El pasaje no dice eso exactamente, pero yo siempre me escudé en que no necesitaba ser perfecto, simplemente cumplir y ya estaba.

 

Hace 7 años Dios me hizo un gran regalo. Me dio una importante cruz (la pérdida de mi segunda hija) que me hizo reflexionar sobre el sentido de mi vida y me permitió buscar retomar el camino y liberarme de muchos vicios que me habían atrapado. Con su ayuda comencé un proceso de conversión que inevitablemente me llevó a la pregunta que titula este artículo. Hay muchas cosas que admiro de San Pablo y creo que al igual que él quise ser un celoso cumplidor de la palabra de Dios y llegué a cuestionarme, incluso si debía de vender lo que tengo, mudarme a una casa más chica, dejar mi empleo bien remunerado y buscar otras actividades para tratar de ganar mi salvación. Esto no era muy inteligente para un hombre casado y con un hijo. Gracias a un gran amigo y sacerdote del Opus Dei, comencé a transitar por el camino de buscar entender que es lo que Dios quiere de nosotros con respecto al dinero.

 

Hay muchas preguntas que me hicieron reflexionar y que hoy quisiera compartir contigo estimado lector con la intensión de que tú busques lo que ellas significan para ti y que el espíritu santo te guie en este terreno:

 

¿Es malo ser rico?

 

¿Cuándo podía decirse que alguien es rico? ¿Cuánto debe de tener o de ganar para considerarse rico ante Dios?

 

¿Cómo es que un hombre como San Luis Rey de Francia o José de Arimatea pudieron ser ricos (a los ojos del mundo) y a la vez santos?

 

¿Por qué Jesús emplea en sus parábolas los talentos o a veces “las monedas” y elogia al siervo que las trabajó y multiplicó?

 

¿Si yo quiero salvarme debo vender lo que tengo, alejarme del mundo? Pero ¿No sería con ello un esposo y padre irresponsable?

Si la pobreza es buena según el evangelio ¿Por qué Dios nos pide que ayudemos a los pobres a salir de ella?

 

¿Cuánto debo de dar a los demás de lo que gano?

 

¿El dinero es malo en sí mismo?

 

Quizá tengas ya las repuestas a muchas de estas preguntas. Quizá como yo alguna no te deje dormir, si estás convencido de que quieres buscar la vida eterna y si recuerdas las palabras de Jesús:

 

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos”

 

Concluyo aquí con la intensión de permitirte un espacio de reflexión. Ojalá que me dediques un rato de tu tiempo en una segunda parte de este artículo para compartirte lo que he podido reflexionar sobre esto.

 

Por: Carlos Alberto Ramirez Linares | Fuente: Catholic.net

Lugar Donde descansó la Virgen María

Ruinas Olvidadas entre Jerusalén y Belén.

 

En medio de la carretera que conecta las ciudades de Jerusalén y Belén en Tierra Santa, se encuentran las ruinas “olvidadas” de una iglesia que fue construida sobre la roca donde, según la tradición, la Virgen María descansó antes de llegar al lugar donde dio a luz a Jesucristo.

 

La Iglesia del Kathisma fue edificada en el siglo V, por encargo de una viuda rica llamada Ikelia, debido a que los cristianos peregrinaban a ese lugar en Tierra Santa.

 

En declaraciones al Christian Media Center, el P. Eugenio Alliata, un sacerdote franciscano experto en arqueología cristiana, explicó que la palabra griega “kathisma” significa “el lugar en el que María se sentó”.

 

 

El también miembro del Studium Biblicum Franciscanum de la Custodia de Tierra Santa señaló que “la iglesia tiene una forma especial, octogonal. En realidad se trata de dos octógonos que se suceden. Uno más pequeño y otro más grande. Ambos se centran en torno a una roca que apenas sobresale del nivel del pavimento”.

 

En el siglo VIII este templo fue convertido en una mezquita y fue destruido en el siglo XI. Con el paso del tiempo se perdió la ubicación de la iglesia, aunque se sabía de su existencia gracias a unos antiguos escritos bizantinos.

 

Las ruinas del templo fueron descubiertas en 1992 mientras se realizaba una excavación para construir una carretera.

 

Tras el hallazgo, el Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén, dentro de cuyos dominios se encuentra este templo, y la Universidad de Atenas prosiguieron con los trabajos de excavación y limpieza de las ruinas con el objetivo de que este lugar vuelva a ser visitado por los peregrinos.

 

El P. Alliata indicó que las excavaciones arqueológicas también revelaron que alrededor del templo habían varias capillas que estaban decoradas con mosaicos. Actualmente las imágenes han sido cubiertas con arena para su protección.

 

 

Sin embargo, el presbítero expresó que actualmente este templo “desgraciadamente es un lugar olvidado y está en un pésimo estado de conservación”.

 

El “descanso de la Virgen”

 

El P. Alliata comentó que la historia está “narrada en un evangelio apócrifo, que se llama el protoevangelio de Santiago. Un texto cristiano muy famoso. Explica que María y José iban hacia Belén. Jesús estaba a punto de nacer, María iba sobre un burro y José lo llevaba”.

 

“María tuvo una visión: vio dos pueblos, uno de los cuales reía mientras que el otro lloraba. Los cristianos interpretaron que el pueblo que llora es el hebreo, porque no han creído; el pueblo que ríe son los cristianos que creyeron en el Mesías”, prosiguió.

 

Tras la visión, la Madre de Dios “se siente cansada y pide que la bajen de la cabalgadura. José la ayuda a descender y la acomoda dentro de una cueva”.

 

El P. Alliata destacó que la Virgen se habría sentado a descansar sobre una roca y que alrededor de esta se construyó la Iglesia del Kathisma.

 

Por: Maria Ximena Rondón | Fuente: Aciprensa 

¿María tuvo más hijos?

Para los católicos María sólo tuvo a Jesús, los protestantes argumentan que tuvo más, ¿cúal es la verdad?

 

El tema de María ha dividido a católicos y protestantes. Uno de esos puntos de diferencia es la virginidad perpetua de María. Según la Iglesia Católica, María sólo tuvo a Jesús pero los protestantes argumentan con la Biblia que sí tuvo más hijos.

 

Cuando me encuentro con un protestante, sea evangélico, testigo de Jehová o adventista, y quiero ponerme en una tónica fundamentalista, se molestan. Siempre comienzo la conversación con la pregunta: ¿Dice la Biblia que María tuvo más hijos o más bien dice que Jesús tuvo más hermanos? Según ellos, yo no puedo colocarme en esa perspectiva (y pensar que ellos son los que toman todo al pie de la letra). Pero objetivamente, no es lo mismo, ya que por ejemplo podrían ser hijos de José y no de María. La verdad es que ninguno de ellos tuvo más hijos. Con un sencillo análisis genealógico y de gramática griega lo demostraremos.

 

I

Primero analicemos las citas usadas por los protestantes para decir que María tuvo más hijos. Es bueno decir antes que en NINGUNA cita se usa la expresión hijos de María, que es lo que los protestantes argumentan, pero en todo caso sigamos su argumentación.

 

"¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama  María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿No están todas viviendo entre vosotros? (Mt 13, 55-56)

 

En ninguna parte dice hijos de María, lo que dice es hermanos de Jesús, pero fácilmente se demostrará quien es la madre de estos personajes.

 

"Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti" (Mc 3, 32)

 

Cuando les pregunto a los protestantes, que por qué no creen en el purgatorio, me dicen: esa palabra no está en la Biblia. Yo les diría que, entonces María no tuvo mas hijos, porque la expresión "hijos de María" o "María tuvo más hijos" tampoco aparece en la Biblia. En este caso, ellos sí recurren a otras artimañas para asegurar esto.

 

"Después de esto, Jesús bajó a Cafarnaún y con él su madre, sus hermanos y sus discípulos" (Jn 2, 12)

 

"Todos ellos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos" (Hch 1, 14)

 

Por: Martin Zavala | Fuente: Apologetica.org 

 

Cómo llevar nuestras cruces y conservar la fe en el sufrimiento

4 claves para entender qué significa llevar las cruces que se nos presentan en la vida y cómo nos ayuda Dios

 

"Llevar la Cruz": Estas célebres palabras de Cristo aparecen en los tres evangelios sinópticos (Marcos 8,34; Mateo 16,24; Lucas 9,23) y tienen dos interpretaciones diferentes: una en la cual el sufrimiento constituye un "testimonio" del Señor; la otra considera el sufrimiento un "morir a sí mismo".

En este artículo tomaremos como tema la primera de estas interpretaciones y te daremos 4 claves que te ayudarán a entender qué significa llevar las cruces que se nos presentan en la vida

1.- Entender que todos tenemos cruces

Cuando consideramos la invitación del Señor a tomar nuestra cruz, tendemos a pensar que Dios nos pide aceptar los sufrimientos y dificultades propios de la vida en este mundo, infectado por el virus de la maldad.

Si bien a veces nos cuesta comprender por qué un Dios tan bueno permite que su pueblo sufra, todos sabemos lo que es el sufrimiento y podemos entender qué relación tiene con la cruz.

Este tipo de sufrimiento puede ser físico, espiritual o emocional; es decir, puede abarcar muchos tipos de adversidades, como un cáncer o el daño interior provocado por la discriminación, o incluso la persecución por causa de la fe; o bien puede manifestarse en la muerte de un bebé poco antes de nacer, o en un hijo perfectamente sano pero que no avanza como debería en su educación.

 

También puede presentarse en forma del rechazo de amigos o familiares por defender la vida en una cultura de la muerte, o bien en el trauma causado por una separación dolorosa en el matrimonio. Sea lo que sea, todos hemos pasado por situaciones que podríamos llamar “cruces” que nos toca llevar.

Pero también es importante darse cuenta de que, antes de aceptar cualquier cruz que se nos presente, podemos pedirle al Señor que nos libre de ella.

Sí, es cierto que Jesús nos dijo que cargáramos nuestras cruces, pero al mismo tiempo, Él mismo curó a mucha gente, es decir, les quitó sus cruces por su amor y su compasión.

Así como les quitó las cruces a esas personas, hay muchos casos en los que Él también quiere quitarnos las nuestras, porque sabe que estamos sufriendo, a veces en extremo.

2.- El sufrimiento es un Misterio.

La experiencia nos dice que hay personas que reciben curaciones especiales de Dios y otras no. Esto sucede porque el sufrimiento es un gran misterio: algunas personas que oran mucho y son muy santas no reciben curación, mientras que otras que apenas llegan a la fe, sanan. Algunas reciben curación después de haber orado sólo un momento, otras rezan durante años y nunca sanan.

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Al parecer, San Pablo llevaba una cruz, que él llamaba “espina en la carne” (2 Corintios 12,7), que puede haber sido alguna forma de dolencia o padecimiento. Lo que haya sido, lo primero que hizo fue pedirle al Señor que le quitara esa cruz, y en realidad se lo pidió en tres ocasiones distintas.

Cristo mismo también oró con la misma intención en el Jardín de Getsemaní poco antes de que lo arrestaran. Pero ni Jesús ni Pablo se vieron libres de sus respectivas aflicciones.

Por eso, cuando se te presente una cruz en tu vida, pídele al Señor que te la quite; pide curación y puedes hacerlo con las mismas palabras de Jesús; o bien, clama en alta voz, como lo hacía el ciego Bartimeo, a quien no pudieron hacer callar:

"¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" (Marcos 10,46-52).

Dios nos ama y quiere sanarnos. Si tuvieras un hijo enfermo ¿no harías tú todo lo posible para evitar que sufriera y se curara?

¡Por supuesto! En efecto, si así queremos a nuestros hijos nosotros que somos pecadores, ¡cuánto más nuestro Padre que está en el cielo derramará su gracia sanadora sobre los suyos! (Mateo 7,11).

Siempre es bueno orar y no dejar de hacerlo. Nunca te des por vencido, aunque no puedas comprender el misterio de tus propias aflicciones.

No dejes de confiar en Dios, porque su bondad y su amor jamás disminuyen:

“Den gracias al Señor porque Él es bueno, porque su amor es eterno” (Salmo 136,1).

3.- En tu oración pide fortaleza para llevar la cruz.

Cuando rezamos para sanarnos de alguna enfermedad, también tenemos que preguntarnos:

"Si me toca aceptar esta cruz, ¿lo haré con una actitud de “entereza y serenidad” o con una fe firme y confiada?"

Hay una diferencia importante en esto: Una persona que acepta su cruz con entereza y serenidad, lo hace con buena intención, tratando de no quejarse ni sentir lástima de sí misma.

Si bien esta es una manera correcta de aceptar la cruz, si alguien lo hace sólo apoyándose en sus buenas intenciones y en su capacidad humana, es probable que toda su experiencia venga acompañada de algún grado de desaliento, ira o sentido de culpa, en algún momento se sentirá flaquear.

La razón es que algunas cruces son excesivamente pesadas y a veces nos resultan demasiado dolorosas para llevarlas solos.

Aquí es donde interviene la fe firme y confiada. Dios puede ayudarte a llevar el peso de la cruz que hoy cargas. Dios quiere comunicarnos su propia gracia divina para ayudarnos a aceptar las cruces de la vida, como Jesús le dijo a San Pablo:

"Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad".

Estas palabras fueron tan impresionantes para el apóstol que luego pudo escribir:

"Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando más débil me siento es cuando más fuerte soy". (2 Corintios 12,9-10).

Llevar una cruz con la ayuda de la gracia de Dios es muy diferente de tratar de actuar con entereza y hacer lo posible por aceptar la adversidad con serenidad, pero sin la ayuda de Dios, es decir, sólo con tus fuerzas humanas.

Los que aceptan la cruz recurriendo a la gracia aprenden a depender de Dios más y más cada día; además, encuentran reservas de fortaleza, confianza y obediencia que saben perfectamente que no vienen de ellos mismos, sino de un Dios que es bondadoso y misericordioso.

En lugar de centrar su atención en los padecimientos que les toca llevar, se sienten inspirados a ser comprensivos y compasivos con otras personas, aunque ellos mismos sufran dolores, padecimientos y dificultades.

En resumen, poco a poco van adoptando las actitudes del propio Jesús.

Esta es la paradoja de la cruz: Aceptamos el sufrimiento no porque sea bueno ni porque nos guste, sino como parte de nuestra vocación de seguidores de Cristo Jesús.

Estas cruces pueden llegar a ser oportunidades para que nos entreguemos más al Señor y le demos gloria y alabanza.

4.- El sufrimiento nos une a Cristo.

El Papa San Juan Pablo II nos ofreció un ejemplo conmovedor de cómo se puede demostrar el gozo de conocer al Señor incluso cuando se está padeciendo los dolores de la ancianidad.

En su última presentación en público, en marzo de 2005, el Santo Padre salió a la ventana de su residencia en el Vaticano a pesar de la fragilidad de su condición, ya cercano a la muerte y con dificultades para hablar.

No se escuchó ninguna palabra de sus labios y después de bendecir a la multitud reunida en la plaza, se retiró y se cerraron las cortinas. No pudo decir nada, pero toda su silenciosa actitud demostraba que quería animar a todos.

Quienes lo observaban ese día podían imaginarse que les quería decir: “Sigan adelante, sigan en la carrera hacia el cielo". Fue un ejemplo dramático y conmovedor de lo muy unido que él se sentía a su gente y de cuánto los amaba a todos.

Durante toda su vida, el Santo Padre enseñó que el sufrimiento nos une al Señor y sus últimos días de vida fueron una clara demostración de su enseñanza.

En febrero de 1984 emitió una carta apostólica sobre el misterio del sufrimiento titulada Salvici Doloris, en la cual escribió, de una manera que resultó ser profética, sobre lo que significaba llevar nuestra cruz con la ayuda de la gracia de Dios:

"Esta madurez interior y grandeza espiritual en el sufrimiento, ciertamente son fruto de una particular conversión y cooperación con la gracia del Redentor crucificado.

Jesús mismo es quien actúa en medio de los sufrimientos humanos por medio de su Espíritu de Verdad, por medio del Espíritu Consolador. Él es quien transforma, en cierto sentido, la esencia misma de la vida espiritual, indicando al hombre que sufre un lugar cercano a sí. Él es - como Maestro y Guía interior - quien enseña al hermano y a la hermana que sufren este intercambio admirable, colocado en lo profundo del misterio de la redención.

El sufrimiento es, en sí mismo, probar el mal. Pero Cristo ha hecho de él la más sólida base del bien definitivo, o sea del bien de la salvación eterna".

Conclusión

Querido lector, si te ha tocado llevar una cruz particularmente pesada, no dejes de orar y pedir curación o solución; pero si la cruz permanece, pídele al Señor la gracia de ayudarte a aceptarla y llevarla, y ten por seguro que Él vendrá en tu ayuda.

Como lo dijo San Juan Pablo II, todo sufrimiento es malo y no existirá en la nueva Jerusalén, cuando Jesús regrese a la tierra. Pero Dios sabe sacar el bien de este mal, incluso grandes bendiciones, y puede enseñarnos a todos a aceptar el sufrimiento de una manera que nos acerque más a Jesús.

Así pues, haz un momento de paz y bendice a todos los que sepas que están llevando una cruz muy pesada; pídele al Señor que derrame sobre ellos una gracia abundante para que reciban el auxilio del cielo y les lleve la paz.

ROSARIO DE LA AURORA

 

Las tradiciones, costumbres y la fe no se pueden ocultar y dejar en la historia de nuestros pueblos,  la Fundación Rema Candelaria, resalta y  agradece a los feligreses que siguen y como se rescato hace unos años atrás, por parte de los Regidores Marianos, un peregrinar de nuestros abuelos, el Rosario de la Aurora, hoy con estas imagenes damos fe de que Candelaria es un pueblo Mariano y que cada año, como es tradición,  se inicia la novena de la Virgen con la madrugada del Rosario de la Aurora en honor a nuestra Patrona en su advocación Nuestra Señora de la Candelaria. 

 

FUNDACIÓN REMA CANDELARIA

Historia del Rosario

 

 

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra "rosario" significa "corona de rosas". 

 

Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. 

 

La Iglesia recomendó rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este "rosario corto" se le llamó "el salterio de la Virgen". 

 

A finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán sufría al ver que la gravedad de los pecados de la gente estaba impidiendo la conversión de los albigenses y decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras no era la flagelación, sino el rezo de su salterio. 

 

Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral, alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó. 

 

En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador. 

 

Santo Domingo cambió su homilía y habló de la devoción del Rosario y la gente comenzó a rezarlo con devoción, a vivir cristianamente y a dejar atrás sus malos hábitos. 

 

Santo Domingo murió en 1221, después de una vida en la que se dedicó a predicar y hacer popular la devoción del Rosario entre las gentes de todas las clases sociales para el sufragio de las almas del Purgatorio, para el triunfo sobre el mal y prosperidad de la Santa Madre de la Iglesia. 

 

El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado. 

 

En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra" en la que murieron muchísimas personas. 

 

Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia. 

 

¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta? 

 

El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordena el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. 

 

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes. 

 

¿La oración del Santo Rosario da más importancia a la Virgen María que a Dios?

¿Tienen los protestantes razón en su rechazo a la oración del Rosario?

 

Los católicos estamos invitados a rezar el rosaario con devoción,  pero no todos ven en el Rosario una oración agradable a Dios. Los protestantes incluso suelen alegar que es una oración donde se da más importancia a María que al mismo Dios. Su forma de razonar es bastante simple: por cada Padre Nuestro hay 10 Ave María, por tanto, se le da a María diez veces más importancia que a Dios.

 

Ahora bien, ¿Tienen los protestantes razón en su rechazo a la oración del Rosario? Veamos:

 

Lo primero que habría que hacer notar, es que entender que en cada Ave María se honra a la Virgen y no a Dios, es un primer error. En cada Ave María, no solo se repite el saludo del Ángel a María, sino que también se repite las palabras que el Espíritu Santo inspiró en su prima Isabel: “Bendita entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. ¿Y cuál es el fruto de su vientre? Jesús. Por tanto, si en cada Ave María se bendice al Señor, no se puede decir que en ellas no se honra a Dios, puesto que como todos sabemos: Jesús es Dios.

 

En la segunda parte del Ave María, se le pide la intercesión ante su hijo: «Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte». Nuevamente no se trata de una oración que deje a Jesús, quien es también Dios verdadero, de lado.

 

Por otro lado, los protestantes suelen olvidar que todo el rosario se reza meditando los misterios del Evangelio y la mayoría de ellos se centran en la vida de Cristo. Recordémoslos:

 

Misterios gozosos (lunes y sábado)

 

1. La Encarnación del Hijo de Dios.

2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.

3. El Nacimiento del Hijo de Dios.

4. La Purificación de la Virgen Santísima.

5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

 

Misterios dolorosos (martes y viernes)

1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.

2. La Flagelación del Señor.

3. La Coronación de espinas.

4. El Camino del Monte Calvario.

5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

 

Misterios gloriosos (miércoles y domingo)

 

1. La Resurrección del Señor.

2. La Ascensión del Señor.

3. La Venida del Espíritu Santo.

4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.

5. La Coronación de la Santísima Virgen.

 

Misterios luminosos (jueves)

 

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.

2. La Autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.

3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

4. La Transfiguración.

5. La institución de la Eucaristía.

 

Prácticamente todos los misterios se refieren a los eventos importantes de la vida de nuestro Señor Jesucristo narrados en el Evangelio. El que reza el Rosario diariamente medita cada semana sobre todos los momentos importantes de la vida del Señor. ¿Todavía se puede decir que no es Cristo-céntrico, o que deja a Dios en segundo lugar?

 

El cumplimiento de una profecía

 

Con el rezo del Rosario también se da el cumplimiento sus palabras inspiradas por el Espíritu Santo y recogidas por la Escritura: “Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lucas 1,48). No es precisamente gracias al protestantismo que se cumple diariamente esa profecía, porque aunque alguno podrá a admitir que María era bienaventurada si se le pregunta directamente, eso no es lo que predice la profecía.

 

DESDE AHORA: Desde ese momento en adelante…

 

TODAS LAS GENERACIONES: Generación, tras generación del pueblo de Dios

 

ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA: La llamarán de ese modo. No dice que sabrán que es bienaventurada, sino que la LLAMARÁN así. Es lo que hacemos los católicos cuando decimos el Ave María: “¡Bendita eres entre las mujeres!”.

 

El problema raíz es que los protestantes no entienden algo que ya María entendía en aquel tiempo respecto a lo que hacemos los católicos cuando la veneramos: Toda honra a ella honra primeramente a Dios que es quien ha hecho maravillas en ella:

“Ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque HA HECHO EN MI FAVOR MARAVILLAS EL PODEROSO, Santo es su nombre.” (Lucas 1,48-49)

 

Es Dios el que ha hecho en su favor MARAVILLAS, es Dios el que la ha hecho bienaventurada, bendita entre todas las mujeres. Hay protestantes que opinan que es una mujer cualquiera. La Biblia no enseña lo mismo.

 

No quitamos gloria a Dios para dársela a la Santísima Virgen María. Damos gloria a Dios por lo que ha hecho en ella.

¡Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

 

Por: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org 

 

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