¿Puedo cambiarme de religión?

Suponiendo que sea verdad que algún sacerdote católico es infiel a su vocación, esa no es ninguna razón para que yo me cambie de religión

 

El otro día un hermano evangélico me dijo: «¿Por qué no viene a nuestro culto y se cambia de religión como aquel sacerdote católico que se hizo predicador del Evangelio?» Le contesté: «Amigo mío, cambiar de religión sería para mí un pecado mayor.

 

Pero dime, le pregunté, ¿cómo se llama aquel sacerdote que era católico y que se cambió de religión? ¿dónde vive? y ¿dónde pasó eso?». No sabía qué contestarme. No sabía mi hermano evangélico cómo se llamaba el sacerdote, ni dónde vivía... pero luego contó que tenía un casete grabado con su testimonio.

 

Bueno, le dije, cualquier persona puede decir y grabar lo que quiera para sembrar dudas, pero este asunto me huele a mentira, y no olvidemos que «Dios odia a los mentirosos» (Prov. 6, 17). Y suponiendo que sea verdad que algún sacerdote católico es infiel a su vocación, esa no es ninguna razón para que yo me cambie de religión . Jesús tenía Doce apóstoles y uno de ellos lo traicionó, pero no por eso hemos de abandonar a Jesús y a la Iglesia que El fundó.

 

1. ¿Por qué no me puedo cambiar de Iglesia?

 

Primero, la religión no es como la política: hoy pertenezco a un partido y mañana no me gusta y me cambio a otro. La religión tampoco es como cambiar de camisa. La religión es algo que me merece mucho respeto.

 

Además la religión católica, de la cual soy miembro, existe desde Jesucristo hasta ahora y es la única Iglesia fundada por Jesucristo sobre el apóstol Pedro y sus legítimos sucesores (Mt.16,13-19). Y además Jesús claramente dijo: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final del mundo». ¡Y el Señor Jesús no miente!

 

Ahora bien, la religión pentecostal comenzó recién en el año 1906 en los Estados Unidos, como un movimiento de renovación dentro de los metodistas y de a poco se fue extendiendo por todos los países de América Latina.

 

Desde aquella fecha hasta hoy esta práctica de división ha sido como el distintivo de los pentecostales. Algunos hablan ahora de que ya son casi 300 las iglesias evangélicas distintas en América Latina.

 

Les confieso que tengo mucho respeto por el movimiento pentecostal y hasta creo que puede llegar a ser un camino de santidad. Pero me es imposible cambiar de religión porque estoy plenamente convencido de que la Iglesia Católica es la única fundada por Jesucristo sobre Pedro y, por lo tanto, la única verdadera.

 

Un argumento que siempre debiera estar a flor de labios de los católicos es este: Jesús fundó la Iglesia Católica sobre Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt.16, 18). De aquí se deduce que todas las Iglesias que son edificadas sobre otro fundamento que no sea Pedro contravienen expresamente la voluntad de Cristo. Esta es la verdad que glosa este versito:

 

Junto al mar de Galilea

el Señor dijo a Simón

tú estarás en el timón

de la Santa Madre Iglesia.

 

¿Dónde estaban, por ejemplo, los evangélicos en los años 100, 500 y 1000 y hasta el siglo XVI? ¿Dónde estaban cuando San Jerónimo tradujo la Vulgata? ¿Dónde estaban cuando las grandes persecuciones romanas en que tantos cristianos murieron por Cristo? Si para los evangélicos la Iglesia comienza con Lutero. ¿Cómo salvan entonces la laguna temporal entre el nacimiento de Jesús y el siglo XVI?¿Qué pasa durante estos 15 siglos de vida de la Iglesia? ¿Cómo se cumple durante este lapso la promesa de Jesús «Yo estoy con ustedes».

 

Los evangélicos irrumpieron en la historia sólo a partir de 1500, por tanto no tienen ni la historia ni el tesoro de la Tradición cristiana que tenemos nosotros. Tampoco tienen esta pléyade de casi un millón de mártires que han dado la vida por Cristo y que tenemos los católicos como un gran regalo de Dios.

 

Pero hay más. Dentro de la Iglesia Católica Dios me comunica su Espíritu Santo y todos sus carismas y dones espirituales. Dentro de esta Iglesia encuentro la verdadera adoración al Dios único y verdadero. La Iglesia Católica me comunica sus sacramentos, que son signos sagrados por los cuales Cristo mismo me santifica. Y es sobre todo la Iglesia Católica la que me ofrece el Pan de vida en la Eucaristía o Santa Misa. «Yo soy el Pan de vida que bajó de cielo, dice Jesús, y si ustedes no comen del Cuerpo del Hijo del Hombre y no beben su Sangre, no tienen vida». (Juan 6, 51, 53). La verdad es que hay muchas cosas que dejó Cristo en la Iglesia y que yo no las encuentro en las iglesias Evangélicas y que, reitero, solamente las encuentro en la Iglesia Católica.

 

2. La cuestión de la bebida

 

Ahora bien, a veces los hermanos llaman a cambiar de religión por la cuestión del trago. Quieren dar la impresión de que los católicos somos todos unos borrachos. ¡Qué injusticia y qué calumnia más grande! Llaman a cambiar de religión para «no tomar más» ¡como si la religión católica fuera una religión de borrachos! Esto es una gran falta de caridad y de justicia. Y aunque a veces hay personas que han dejado el trago al hacerse evangélicos, ello no significa que nuestra religión sea una religión de borrachos.

 

En estos últimos tiempos y en algunos lugares, muchos católicos por distintas razones se han pasado a los hermanos evangélicos. Pero yo les digo a los católicos: No se desanimen. «No temas, pequeño rebaño», porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino (Lc. 12, 32).

 

En la historia de la Iglesia Católica, una historia de 2000 años, hubo épocas en que casi todos abandonaron la verdadera fe. Por ejemplo en el año 356 se metió la herejía del arrianismo entre los creyentes y casi todos, hasta obispos y sacerdotes, abandonaron la Iglesia. Tiempo después terminó el arrianismo y volvieron otra vez a la Iglesia Católica. ¿Sucederá igual ahora?

 

En el año 1200 aparecieron en Europa los cátaros y los waldenses, hombres muy piadosos y espirituales, predicaban otra religión y daba la impresión que iban a terminar con todos los católicos. Luego terminó el fervor de estos grupos y hoy día ya nadie habla de ellos. Pero la Iglesia Católica sigue. En los años 1500, Lutero y Calvino protestaron contra algunos abusos que había en el interior de la Iglesia Católica. Formaron iglesias separadas, las iglesias protestantes, que después con el tiempo se dividieron en muchísimas iglesias. Hoy en día muchas de estas iglesias se sienten avergonzadas de tantas divisiones, porque saben muy bien que Jesús quiere ver a sus seguidores todos unidos como una sola familia. Las divisiones de las iglesias son la gran tentación de todos los tiempos. Y si lo miramos con altura hoy es el mismo Espíritu Santo quien suscita deseos de unidad al interior de todas las Iglesias.

 

3. Los falsos profetas.

 

Ya en tiempo de San Pablo, se metieron falsos profetas que entregaban enseñanzas mentirosas: «Hermanos, dice el Apóstol, les ruego en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo que se pongan de acuerdo y que no estén divididos» (1 Cor.1, 10). «Me admira mucho que ustedes estén dejando tan pronto a Dios y que estén siguiendo un mensaje de salvación tan diferente. Lo que pasa es que hay algunos que les molestan a ustedes y quieren cambiar el mensaje de salvación de Cristo. Pero si alguien les da a ustedes un mensaje de salvación distinto del que les hemos dado, que esta persona sea puesta bajo nuestra maldición» (Gal.1, 6-9).

 

Lo mismo escribe San Pablo en su carta a los Corintios contra los falsos apóstoles (2 Cor. 11,1-15). Algunos se han desviado y se han perdido en discusiones inútiles. Quieren ser maestros de religión, pero no entienden ni lo que ellos mismos dicen, ni lo que pretenden enseñar con tanta seguridad. (1 Timot. 1, 4-7 y 6. 3-5).

 

También el apóstol Pedro advierte contra los que enseñan mentiras: «Hay maestros mentirosos entre ustedes. Ellos enseñan secretamente sus ideas dañinas, negando así al propio Señor que los salvó. Hablan mal del verdadero camino que es el Evangelio y en su ambición de dinero, los explotan a ustedes con enseñanzas falsas.» (2 Pedr. 2, 1-3).

 

4. Predicar el Evangelio «a mi manera». 

 

Queridos amigos: estos textos no los invento yo, están escritos en la Biblia. Y al igual como en otros tiempos había grupos de cristianos que predicaban el Evangelio a su manera, así no debemos asustarnos que ahora también aparezcan grupos que predican y explican el Evangelio a su manera. No se desanimen, no se dejen engañar, no acepten verdades a medias que son lo mismo que una mentira. Siempre ha existido la tentación de abandonar la Iglesia Católica y formar nuevas iglesias. Siempre que hay problemas, crisis o pecado en el seno de la Iglesia se producen divisiones.

 

Es lo mismo que una familia. Supongamos que un día todo va mal en casa, que papá y mamá se portan mal, discuten, pelean. No por eso los hijos deben arrancarse de la casa, sino que, con prudencia y cariño, deben pedir que los padres se corrijan y se amen entre sí.

 

Donde hay pecados, hay desunión, cismas, herejías, discusiones... Pero donde hay virtud, hay unión, de donde resulta que todos los creyentes tienen un solo corazón y una sola alma.

 

Así también debemos amar a esta Iglesia de Cristo que es santa y pecadora, y pedir la purificación de esta gran familia de Dios. Pero sería un pecado mayor salirse de esta Iglesia Católica para formar otra iglesia. Cada uno tiene que decir su propio «mea culpa» por la responsabilidad que le cabe en la marcha de la Iglesia. Ojalá nuestra Iglesia pudiera aparecer «sin mancha ni arruga», pero por el momento -somos peregrinos a la eternidad- todos somos caminantes y a todos se nos pega el polvo del camino.

 

Aunque todos abandonen la Iglesia Católica, yo seguiré siendo miembro de esta Iglesia de Cristo. No olvidemos que al final de la vida de Jesús casi todos lo abandonaron. Y hoy más que nunca tienen vigencia aquellas palabras de Jesús: ¿Y ustedes también quieren abandonarme? Al pie de la cruz de Jesús estaban sólo su Madre María, el apóstol Juan y algunas mujeres (Juan 19, 25-27)

 

¿Dónde estaban los otros discípulos?

 

Y cuando Jesús habló a sus discípulos acerca de comer su Cuerpo y beber su Sangre (Juan 6, 56) muchos discípulos suyos le dijeron: «Esto que dice es muy difícil de aceptar, ¿quién puede hacerle caso?» ( Jn. 6, 60) Y muchos lo abandonaron. Luego Jesús preguntó a sus Doce apóstoles: «¿Quieren irse ustedes también?» (Juan 6, 67).

 

Queridos hermanos católicos, después de todo, les he hablado con mucho amor, pero con un amor que busca la verdad. No tengo ninguna intención de ofender a nadie. Y termino recordando que, por cosas muy respetables que tengan las religiones evangélicas, el Concilio Vaticano nos dice que solamente en la religión Católica está la plenitud de la doctrina de Cristo y la plenitud de los medios de salvación dejados por Cristo a su Iglesia. Y si alguien queda con dudas acerca de alguna parte de esta carta, converse con cualquier sacerdote, religioso o laico bien formado. Solamente la verdad nos hará libres». (Jn. 8, 32).

 

¿Cuál fue el objetivo primordial del Concilio Vaticano? 

 

El objetivo primordial del Concilio Vaticano fue promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos. Porque siendo una sola la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las denominaciones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo. Y naturalmente esta división, además de contradecir abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la predicación del Evangelio a todos los hombres.

 

¿Qué es el Ecumenismo?

 

El Ecumenismo es un movimiento que se ordena a favorecer y fomentar la unidad de los cristianos para que, superados poco a poco los obstáculos que impiden la perfecta comunión eclesial, todos los cristianos se congreguen en una única celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad que Cristo dio a su Iglesia desde un principio y que creemos subsiste indefectible en la Iglesia Católica. El verdadero ecumenismo no puede darse sin una conversión interior. Tenemos que implorar esta gracia del Espíritu Santo y orar para que pronto llegue el día de la perfecta unidad tan deseada y querida por Jesús.

 

Dios quiera que vayamos avanzando hacia la plena unidad. Hacia aquella unidad que pidió Jesús en su oración sacerdotal: «Que todos sean uno como Tú, Padre, estás en mí y Yo en ti» Jn 17, 21.

 

Cuestionario

 

¿Cuál es la única Iglesia fundada por Jesucristo? ¿Sobre quién fue fundada la Iglesia Católica? ¿Quiénes son los principales ´fundadores´ de las religiones ´modernas´? ¿Autorizó Jesús a alguien fuera de Pedro para que fundara alguna iglesia? ¿Puedo vivir la fe «a mi manera»? ¿Puedo cambiarme de religión?

 

 

Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe 

Aunque por diversas razones... Todos los padres son inolvidables

Padres presentes y con el deseo de forjar a sus hijos en el Amor a Dios, en el Orden, el Bien, la Verdad

 

Un padre no es sólo quien da la vida; eso sería demasiado fácil. Un padre es el que da el amor (Denis Lord).

 

Todos los papás son inolvidables. Algunos, porque no tuvieron el valor de asumir su responsabilidad y no le dieron su apellido al hijo; es decir, su presencia, responsabilidad, amor.

 

Otros, porque, estando presentes, causaron un gran dolor en los hijos, dejándoles heridas profundas que logran superar con muchas dificultades, después de un proceso largo y doloroso.

 

Unos más, porque dieron a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron, buscaron complacerlos en sus gustos y no les pusieron límites; pero éstos no pudieron seguir un camino hacia la madurez y se convirtieron en un problema para sus seres queridos y para la Sociedad.

Algunos más (¿acaso pocos?) son esos padres presentes y con el deseo de forjar a sus hijos en el Amor a Dios, en el Orden, el Bien, la Verdad. Y, a pesar de no tener siempre las herramientas de preparación académica, lograron imprimir en sus hijos esa certeza de ser amados, aceptados, valorados, y desde esta certeza, ellos pueden amar, aceptar y valorar a las demás personas.

 

Paradigmas

 

¿Este tipo de padres comete errores? Sí, por ser imperfectos, pero van por la vida procurando de forma consciente y con gran voluntad ser cada día mejores.

 

El único Padre Perfecto es Dios y, no obstante ser perfecto y el mejor de los Padres, es olvidado. Y no es que los que olvidan a Dios duden de su existencia, sino que se olvidan de que Él es Padre.

 

Aquellos papás que ven a Dios como inolvidable y escuchan su Palabra, buscan poner en práctica esta sentencia de Jesús, “Sed perfectos como mi Padre Celestial es perfecto”. Tales padres no sienten este mandato como carga, sino como una liberación que los llena de gozo, de paz, pese a momentos de prueba y dificultad.

 

Jesús, con su vida, nos muestra el rostro del Padre, que es bondad, amor, misericordia, comprensión, ternura, sabiduría, justicia, perfección… Al Padre, que es la Verdad misma, es decir, no miente, es inmutable; no cambia su afecto, con todo y el irregular comportamiento del hijo; no se mueve por caprichos o estados de ánimo, sino que exhorta a vivir los límites, dando normas para regir nuestra vida en felicidad y plenitud.

 

Algunos puntos a considerar para ser un padre inolvidable:

 

Amor incondicional, que logre despertar la grandeza escondida en el interior del hijo.

 

Amor que sabe escuchar las razones de las rabietas e indisciplinas de los hijos; que sabe descubrir la tristeza o el dolor que se encuentran detrás del enojo. Ayuda a que su hijo sea consciente para salir de los sentimientos que lo tienen atrapado y le permitan vivir con alegría y plenitud.

 

Ejercita virtudes, facilitando que el hijo las practique de forma natural. Así, lo respalda en su crecimiento armónico y de madurez. Este padre, cuando comete errores, como ser humano perfectible, sabe reconocer y pedir perdón.

 

No pone etiquetas ante una conducta inadecuada, sino que señala la acción negativa, separándola de la persona. No dice: “eres desordenado”, sino: “en esta ocasión, te faltó orden en tu cuarto”.

 

Conoce a su hijo. Cada hijo es diferente. Observa su personalidad, su temperamento.

 

Atento siempre a comprender al hijo en sus necesidades, en sus cambios físicos y psicológicos, en las diferentes etapas de su vida que va pasando. Descubre las fortalezas, dificultades, inquietudes, motivaciones de cada hijo. A mayor conocimiento y comprensión, se le facilita la formación de sus hijos.

 

Sabe escuchar y validar. Permite que su hijo exprese sus emociones, inquietudes, frustraciones. Lo ayuda a que procese y resuelva sus sentimientos positivos y negativos, y que los exprese adecuadamente, sin afectar a los demás. Esto permite que el hijo se sienta digno, importante, valioso para ser escuchado, comprendido, aceptado, amado.

 

Conocer la importancia de agradecer y de valorar cada día las cosas buenas que nos son dadas. Pone énfasis en lo que se tiene, más que en lo que hace falta.

 

Sabe acercar a sus hijos al dolor y necesidades de los demás, reconociendo que la otra persona posee el mismo valor y dignidad que él; construye lazos, en lugar de muros.

 

Reconoce la necesidad de conectarse con su Creador y se arrodilla para agradecer, alabar y descubrir la grandeza y nobleza que hay dentro de sí mismo. Ve con más claridad las cosas que lo ennoblecen y lo llevan a ser mejor persona.

 

Hemos de agradecer a Dios si nos regala un padre así. Y si no se tiene esa suerte, buscar ser ese padre para nuestros hijos, a imitación de nuestro Padre del Cielo

 

Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net 

Cómo usan las sectas el miedo al fin del mundo

Mitos y verdades acerca del fin del mundo.

 

El cambio cultural en el que estamos inmersos afecta todas las dimensiones de la vida humana, también la religiosa.

 

Varios analistas advierten que observar lo que sucede con la religión nos puede ayudar a comprender lo que sucede con la sociedad en su conjunto. En todas las crisis culturales y especialmente en cambios de siglo o de milenio, proliferan movimientos milenaristas y apocalípticos con nuevas y viejas doctrinas acerca del fin del mundo o de la inminente transformación del cosmos.

 

Desde los adventismos y movimientos apocalípticos de inspiración cristiana, hasta los fundamentalistas de todas las tradiciones, las diversas manifestaciones del gnosticismo en sus versiones optimistas y pesimistas, junto a la diversidad de formas esotéricas que se reinventan en cada siglo, asistimos a una reconfiguración de las creencias religiosas que presentan antiguas y nuevas formas de comprender el final del universo.

 

¿Cuánto han influido estos movimientos en la cultura contemporánea? Muchas de las creencias de estos grupos se nos presentan cotidianamente en los medios de comunicación, conferencias y publicaciones pseudocientíficas.

 

Profecías incumplidas

 

En distintas situaciones de crisis sociocultural y específicamente en cambios de siglo o milenio, aparecen siempre toda clase de profecías que fechan el inminente fin del mundo. Recientemente nos lo habían fechado para el 2012 con una ridícula interpretación del calendario Maya o con ilusos cálculos de números bíblicos, como el caso de H. Camping. El año 2000 estuvo rodeado de toda clase de profecías y todavía hoy muchos grupos de corte fundamentalista utilizan la predicación de un inminente fin provocando en sus seguidores una fidelidad mayor a los objetivos del grupo.

 

Ya en el siglo XIX los Adventistas predijeron el final para 1843 y luego para 1844, les siguieron los Testigos de Jehová prediciendo el fin del mundo para 1874, luego 1914, 1915, 1925, 1975 y así siguieron. En el siglo XX los Niños de Dios lo predijeron para 1993, la Misión Rama para 1975 y para el año 2000, la Iglesia Universal de Dios para 1936, 1947, 1972 y 1975; la Orden del Templo Solar para 1993 y 1994, Heaven’s Gate para 1997 y una interminable lista para el 2000 y el 2012.

 

Algunos grupos de origen católico inspirados en apariciones marianas y otras revelaciones privadas no aprobadas por la Iglesia, han fechado el fin o al menos asustado a sus seguidores con la narración de horrores advertidos por la Virgen para un tiempo no muy lejano.

 

Muchos de los grupos contactistas que presuponen el “contacto” con extraterrestres y revelaciones desde otras Galaxias, como la Misión Rama o el “estigmatizado” Giorgio Bongiovanni también dieron fechas y discursos de próximos finales. El grupo norteamericano Uranius predijo que llegarían los extraterrestres para el 2001, pero al año siguiente afirmaron que como no estábamos preparados, prefirieron esperar unos años más.

 

El llamado “Estado Islámico” (ISIS) también tiene un discurso de este tipo reforzado en una interpretación propia de la doctrina islámica. Anuncian que están llegando las últimas batallas antes del fin del mundo y la aparición del Mesías. De hecho uno de los fundadores de ISIS, mientras era miembro de Al Qaeda, consideraba que el Mesías iba a aparecer en el año 2006 y por eso había que fundar un califato para recibirle. Por otra parte, a partir de un dicho del profeta Muhammad (un hadiz) anuncian que un grupo elegido “aparecerá con banderas negras” en Siria y estará próximo el fin.

 

Grupos de corte orientalista y New Age, como el MISA, movimiento de Yoga esotérico fundado por el rumano Gregorian Bivolaru, afirman que cuanta más gente practique meditación durante más tiempo, se podrá frenar el “apocalipsis” que se avecina. Los movimientos gnósticos también han fijado fechas del fin del mundo, pero según sean optimistas (paso a una Edad dorada) o pesimistas (llegada de una destrucción total de la materia), varían sus profecías.

 

El clérigo Thomas Chase lo anunció para el 2007 basándose en la numerología, la Biblia y la astrología. Para marzo de 2013 algunos grupos afirmaron que se cumpliría la supuesta profecía de san Malaquías sobre el último Papa en la Iglesia católica. El canal History Channel, en uno de sus programas pseudocientíficos y de aire esotérico, afirmó que según la mitología vikinga el fin del mundo sería para el año 2014.

 

Podríamos seguir con una incontable lista de intérpretes de Nostradamus que también han visto el presente a la luz de la simbología encontrada en cualquier texto que les sirva de excusa. Lo cierto es que todos los que se pretenden apoyar en la Biblia olvidan que los mismos textos bíblicos advierten que “nadie sabe el día ni la hora“, solo Dios.

 

Apocalipsis y Harmagedón

 

El libro del Apocalipsis, al igual que otros textos de corte apocalíptico incluidos en los evangelios, son rodeados de una atmósfera de tensión y misterio. Muchos cristianos sienten miedo de leerlo y asocian la palabra “apocalipsis” con desastres graves y de amplio alcance, como sinónimo de “destrucción masiva”.

 

Cuando se habla de peligros relacionados con armas de gran poder de destrucción o de un posible asteroide que choque con nuestro planeta, se habla de situaciones “apocalípticas”. Sin embargo el término apocalipsis significa otra cosa. Es una palabra griega que significa “desvelamiento”, “correr el velo”, “revelación”, comunicar algo que hasta el momento era desconocido. Al mismo tiempo es un género literario propio del judaísmo cuya finalidad es dar una interpretación religiosa a los acontecimientos históricos desconcertantes o inexplicables, especialmente cuando hay grandes injusticias, como las persecuciones romanas a los cristianos.

 

Para interpretar estos textos adecuadamente hay que ubicar cualquier símbolo en su contexto específico y conocer la teología del autor. El género apocalíptico está cargado de símbolos extraños para nosotros: convulsiones cósmicas, seres fuera de lo normal, sueños y visiones, números con significaciones especiales, etc. Pero todos estos símbolos están al servicio de una lectura de la historia concreta a la luz de la fe.

 

Los hechos no se narran en su detalle concreto, sino que se busca expresar una lógica superior, un plan, una finalidad que da sentido a toda la historia, de la cual Dios es Señor. La dialéctica constante entre el bien y el mal no es de estilo maniqueo, como si fueran fuerzas del mismo poder, sino que Dios sigue siendo siempre el dueño absoluto de la historia.

 

El “Harmagedón” (que se debe escribir con H) significa el Monte Megidó, lugar de la llanura del Esdrelón en Galilea, donde se libraron varias batallas importantes narradas en el Antiguo Testamento. Pero el término ha sido utilizado por diversas sectas y grupos religiosos como el lugar de una batalla final entre Cristo y el Anticristo o entre Cristo y Satanás.

 

De aquí que tampoco es el “Harmagedón” un episodio de destrucción, sino un lugar de grandes batallas para Israel. Pero Testigos de Jehová, Adventistas, Mormones, La Iglesia de Dios Universal y los mismos Rosacruces lo han anunciado para diversas fechas como sinónimo de la Batalla Final.

 

¿Qué dice la Biblia sobre el fin del mundo?

 

Los cristianos no sabemos cuándo será la consumación de la tierra y de la humanidad ni la manera como se transformará el universo. La Biblia nunca habla del “fin del mundo”, sino del “fin de los tiempos”, expresando que no acabará del todo, sino que será transformado en un “cielo nuevo y una tierra nueva” en Jesucristo.

 

“En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe” (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Jesús no dio fecha ni horario para que podamos agendarlo. “A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente Él tiene autoridad para hacer” (Hch. 1, 1-7).

 

Por: Miguel Pastorino | Fuente: De la red Iberoamericana para el Estudio de las Sectas 

La Virgen Maria ¿Prohibe la Biblia el venerarla?

Evidencia biblica para repetir con Santa Isabel 

 

!Cuántas veces nos hemos escuchado a los evangélicos y demás grupos religiosos ¡ acusar a los católicos de adorar a " María " como si fuera una "Diosa"; desobedeciendo así el primer mandamiento de la ley de Dios dado a Moisés en el monte Sinaí, que dice: " Adorarás al señor tu Dios y sólo a él darás culto ". (Deuteronomio 6,13), " no tendrás otros Dioses a parte de mi" (Exodo 20, 3). Este ataque de las sectas no tiene fundamento, pues conociendo bien la Palabra se aclara cual es lugar de Maria en la Biblia. Conozcamoslo:

 

Hay que tener en cuenta que la Iglesia Católica ha aceptado fielmente este decreto divino de "adoracion" en la persona de " Dios Padre" y en "Jesucristo" quien " es la imagen visible de Dios, que es invisible ", ( colosenses 1, 15). " El es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es" ( Hebreos 1,3) . Los Católicos solamente a Dios Adoramos.

 

Que quede claro que los católicos no " adoramos" a María, sino que la "veneramos" (respeto especial), porque es ella la mujer escogida por el Padre Eterno, para que fuera la madre de su "hijo unigénito" pues " la mujer dio a luz un hijo varón,. El cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro" ( Apocalipsis 12, 5), ( Lucas 1, 32- 33).

 

Evidencias biblicas de la veneracion a la Virgen 

 

Por esta razón, el ángel San Gabriel recalca que María es "la favorecida de Dios" ( Lucas 1, 28); y su prima Santa Isabel la llama "Bendita entre todas las mujeres " ( Lucas 1, 42); es también la "nueva Eva" , anunciada desde el principio en el libro del Génesis después de la desobediencia de nuestros primeros padres en e paraíso, cuando "Dios el Señor" le dijo a la serpiente : " Haré que tu y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia" ( 3, 15).

 

Por otra parte , de la vida de María sabemos que era una joven de raza Judía de unos 15 años de edad, que vivía en el pequeño pueblo de Nazaret ( Israel), y estaba comprometida en matrimonio con José, descendiente del rey David ( Lucas 1, 26 - 27), hombre " justo" o " santo" ( Mateo 1,19) . Igualmente, las Escrituras nos aportan una valiosa información sobre las virtudes en ella, como la obediencia absoluta al mandato de Dios, al responder al ángel "Hágase en mí según tu palabra ", y su humildad llamándose así misma como la " esclava del señor" ( Lucas 1, 38).

 

La concepción del Hijo de Dios, es fruto del Espíritu Santo y el poder del Dios Altísimo, que descansó sobre ella como una nube (Lucas 1,35); tal cómo sucedía cuando Yahvé descendía en la Tienda del Encuentro del Santuario, construido por Moisés (Exodo 40,35). Por eso, la Virgen María es llamada por los católicos como el "nuevo Santuario".

 

También se destaca La pobreza en que vivía con su esposo, ya que " sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón" (Lucas 2, 6 - 7). Su angustia al encontrar después de tres días de desaparecido a Jesús de doce años, sentado entre los doctores de la ley en el templo de Jerusalén ( Lucas 2, 48), guardando todas estas cosas en su corazón ( Lucas 2, 51).

 

La fidelidad a su Hijo en la bodas de Caná, al indicarle a los que estaban sirviendo el vino " Hagan todo lo que el les diga" (Juan 2,5); y en el Pentecostés, cuando recibe el Espíritu Santo en forma de llamas de fuego, en compañía de los once apóstoles , los parientes de Jesús y otras mujeres ( Hechos 1, 12 - 14).

 

Del mismo modo, el dolor de toda buena madre al ver a Cristo clavado en la cruz lleno de heridas y golpes en todo el cuerpo (Juan 19, 25; Isaías 52, 13 -14), hasta el punto que era como si una espada le traspasara su alma. Cumpliéndose así la profecía de Simeón, cuando el pequeño Jesús fue presentado por sus padres en el templo de la Ciudad Santa según la ley mosaica ( Lucas 2,22-35; Juan 19,31-34). Sin embargo, y a pesar del agotamiento físico y la cruel agonía en el madero, el Mesías antes de Morir sacó fuerzas suficientes para encomendar el cuidado de su madre, a Juan, el " discípulo amado" , quien " la recibió en su casa" (Juan 19, 26-27).

 

Por todos estos argumentos bíblicas, la Iglesia Católica reconoce que María es la " madre del Señor" ( Lucas 1,43), quien tomó la naturaleza humana al nacer de su vientre para traer la salvación a toda la humanidad (Gálatas 4,4; Filipenses 2,6-8).

 

Como si fuera poco, la Santísima Virgen proclama que todas las generaciones la llamarán "Bienaventurada" porque el Todopoderoso ha hecho en ella grandes cosas ( Lucas 1,48 - 49); y en el último libro de la Biblia, llamado el Apocalipsis ( o Revelación), la muestra como una "reina radiante" pues " Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna bajo sus pies y una corona de dos estrellas en la cabeza" ( 12, 1).

 

Por toda esta evidencia biblica repetimos con Isabel "Bendita seas Maria". Lc 1,48

 

Un exelente libro que trata de la Madre bendita es "las Glorias de Maria" te lo recomiendo !leelo!

 

Escucha la Historia del Culto a Maria.

 

ORACION DE LA FE

 

Semillas para la Vida

Yo creo, Señor; en Ti

que eres la Verdad Suprema.

Creo en todo lo que me has revelado.

Creo en todas las verdades

que cree y espera mi Santa Madre

la Iglesia Católica y Apostólica.

Fe en la que nací por tu gracia,

fe en la que quiero vivir y luchar

fe en la que quiero morir.

 

Por: Por Guido Rojas M.P.D. | Fuente: defiendetufe

María en la vida oculta de Jesús

Una vida humilde y oscura a los ojos del mundo puede irradiar el amor y la paz de Cristo.

 

Los evangelios ofrecen pocas y escuetas noticias sobre los años que la Sagrada Familia vivió en Nazaret. San Mateo refiere que san José, después del regreso de Egipto, tomó la decisión de establecer la morada de la Sagrada Familia en Nazaret (cf. Mt 2, 22-23), pero no da ninguna otra información, excepto que José era carpintero (cf. Mt 13, 55). Por su parte, san Lucas habla dos veces de la vuelta de la Sagrada Familia a Nazaret (cf. Lc 2, 39 y 51) y da dos breves indicaciones sobre los años de la niñez de Jesús, antes y después del episodio de la peregrinación a Jerusalén: "El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él" (Lc 2, 40), y"Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres"(Lc 2, 52).

 

Al hacer estas breves anotaciones sobre la vida de Jesús, san Lucas refiere probablemente los recuerdos de María acerca de ese periodo de profunda intimidad con su Hijo. La unión entre Jesús y la "llena de gracia" supera con mucho la que normalmente existe entre una madre y un hijo, porque está arraigada en una particular condición sobrenatural y está reforzada por la especial conformidad de ambos con la voluntad divina.

 

Así pues, podemos deducir que el clima de serenidad y paz que existía en la casa de Nazaret y la constante orientación hacia el cumplimiento del proyecto divino conferían a la unión entre la madre y el hijo una profundidad extraordinaria e irrepetible.

 

En María la conciencia de que cumplía una misión que Dios le había encomendado atribuía un significado más alto a su vida diaria. Los sencillos y humildes quehaceres de cada día asumían, a sus ojos, un valor singular, pues los vivía como servicio a la misión de Cristo.

 

El ejemplo de María ilumina y estimula la experiencia de tantas mujeres que realizan sus labores diarias exclusivamente entre las paredes del hogar. Se trata de un trabajo humilde, oculto, repetitivo que, a menudo, no se aprecia bastante. Con todo, los muchos años que vivió María en la casa de Nazaret revelan sus enormes potencialidades de amor auténtico y, por consiguiente, de salvación. En efecto, la sencillez de la vida de tantas amas de casa, que consideran como misión de servicio y de amor, encierra un valor extraordinario a los ojos del Señor.

 

Y se puede muy bien decir que para María la vida en Nazaret no estaba dominada por la monotonía. En el contacto con Jesús, mientras crecía, se esforzaba por penetrar en el misterio de su Hijo, contemplando y adorando. Dice san Lucas: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19; cf. 2, 51).

 

"Todas estas cosas" son los acontecimientos de los que ella había sido, a la vez, protagonista y espectadora, comenzando por la Anunciación, pero sobre todo es la vida del Niño. Cada día de intimidad con él constituye una invitación a conocerlo mejor, a descubrir más profundamente el significado de su presencia y el misterio de su persona.

 

Alguien podría pensar que a María le resultaba fácil creer, dado que vivía a diario en contacto con Jesús. Pero es preciso recordar, al respecto, que habitualmente permanecían ocultos los aspectos singulares de la personalidad de su Hijo. Aunque su manera de actuar era ejemplar, él vivía una vida semejante a la de tantos coetáneos suyos.

 

Durante los treinta años de su permanencia en Nazaret, Jesús no revela sus cualidades sobrenaturales y no realiza gestos prodigiosos. Ante las primeras manifestaciones extraordinarias de su personalidad, relacionadas con el inicio de su predicación, sus familiares (llamados en el evangelio "hermanos") se asumen -según una interpretación- la responsabilidad de devolverlo a su casa, porque consideran que su comportamiento no es normal (cf. Mc 3, 21).

 

En el clima de Nazaret, digno y marcado por el trabajo, María se esforzaba por comprender la trama providencial de la misión de su Hijo. A este respecto, para la Madre fue objeto de particular reflexión la frase que Jesús pronunció en el templo de Jerusalén a la edad de doce años: "¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Lc 2, 49). Meditando en esas palabras, María podía comprender mejor el sentido de la filiación divina de Jesús y el de su maternidad, esforzándose por descubrir en el comportamiento de su Hijo los rasgos que revelaban su semejanza con Aquel que él llamaba "mi Padre".

 

La comunión de vida con Jesús, en la casa de Nazaret, llevó a María no sólo a avanzar"en la peregrinación de la fe" (Lumen gentium, 58), sino también en la esperanza. Esta virtud, alimentada y sostenida en el recuerdo de la Anunciación y de las palabras de Simeón, abraza toda su existencia terrena, pero la practicó particularmente en los treinta años de silencio y ocultamiento que pasó en Nazaret.

 

Entre las paredes del hogar la Virgen vive la esperanza de forma excelsa; sabe que no puede quedar defraudada, aunque no conoce los tiempos y los modos con que Dios realizará su promesa. En la oscuridad de la fe, y a falta de signos extraordinarios que anuncien el inicio de la misión mesiánica de su Hijo, ella espera, más allá de toda evidencia, aguardando de Dios el cumplimiento de la promesa.

 

La casa de Nazaret, ambiente de crecimiento de la fe y de la esperanza, se convierte en lugar de un alto testimonio de la caridad. El amor que Cristo deseaba extender en el mundo se enciende y arde ante todo en el corazón de la Madre; es precisamente en el hogar donde se prepara el anuncio del evangelio de la caridad divina.

 

Dirigiendo la mirada a Nazaret y contemplando el misterio de la vida oculta de Jesús y de la Virgen, somos invitados a meditar una vez más en el misterio de nuestra vida misma que, como recuerda san Pablo, "está oculta con Cristo en Dios" (Col 3, 3).

 

A menudo se trata de una vida humilde y oscura a los ojos del mundo, pero que, en la escuela de María, puede revelar potencialidades inesperadas de salvación, irradiando el amor y la paz de Cristo.

 

Por: Ministerio Unción de Costa Rica | Fuente: Ministerio de Unción de Costa Rica 

ROSARIO DE LA AURORA

 

Las tradiciones, costumbres y la fe no se pueden ocultar y dejar en la historia de nuestros pueblos,  la Fundación Rema Candelaria, resalta y  agradece a los feligreses que siguen y como se rescato hace unos años atrás, por parte de los Regidores Marianos, un peregrinar de nuestros abuelos, el Rosario de la Aurora, hoy con estas imagenes damos fe de que Candelaria es un pueblo Mariano y que cada año, como es tradición,  se inicia la novena de la Virgen con la madrugada del Rosario de la Aurora en honor a nuestra Patrona en su advocación Nuestra Señora de la Candelaria. 

 

FUNDACIÓN REMA CANDELARIA

Historia del Rosario

 

 

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra "rosario" significa "corona de rosas". 

 

Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. 

 

La Iglesia recomendó rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este "rosario corto" se le llamó "el salterio de la Virgen". 

 

A finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán sufría al ver que la gravedad de los pecados de la gente estaba impidiendo la conversión de los albigenses y decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras no era la flagelación, sino el rezo de su salterio. 

 

Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral, alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó. 

 

En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador. 

 

Santo Domingo cambió su homilía y habló de la devoción del Rosario y la gente comenzó a rezarlo con devoción, a vivir cristianamente y a dejar atrás sus malos hábitos. 

 

Santo Domingo murió en 1221, después de una vida en la que se dedicó a predicar y hacer popular la devoción del Rosario entre las gentes de todas las clases sociales para el sufragio de las almas del Purgatorio, para el triunfo sobre el mal y prosperidad de la Santa Madre de la Iglesia. 

 

El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado. 

 

En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra" en la que murieron muchísimas personas. 

 

Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia. 

 

¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta? 

 

El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordena el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. 

 

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes. 

 

¿Por qué se llaman "misterios" las estaciones del Rosario?

¿Te has hecho esta pregunta? Aquí está la respuesta que buscabas

 

Entre las diferentes acepciones con los cuales podemos definir la palabra misterio, encontraremos múltiples opciones, sin embargo aquí presentamos la definición que mas se ajusta a la respuesta que buscamos: “Cada uno de los pasos de la vida, pasión y muerte de Jesucristo, cuando se consideran por separado”.

 

El termino misterio pasó a designar las imágenes de Jesucristo, y, cuando la imaginería mostraba una serie de imágenes con las diversas etapas de su vida, se designó “misterio” a cada una. De ahí pasó al rosario.

 

Los misterios Gozos son aquellos que “narran desde la Anunciación del Arcángel Gabriel a la Virgen y recorren la infancia de Jesús”.

 

Los misterios de Dolorosos “narran la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz”.

 

Los misterios de Gloriosos “narran desde la Resurrección y Ascensión de Jesús, la venida del Espíritu Santo y la Asunción de la Virgen y su Coronación en los cielos”.

 

Por ultimo, los misterios de la Luz o luminosos que “completan el camino de la Redención contemplan el bautismo de Jesús, las Bodas de Caná (la familia), la Transfiguración y finalmente el gran misterio de la Institución de la Eucaristía”. 

 

 

Guía para rezar el Santo Rosario

 

Tras una oración introductoria, se enuncia el “misterio” que corresponda, por ejemplo, en el primer misterio: “La Encarnación del Hijo de Dios”.

 

Después de una breve pausa de reflexión o de un ofrecimiento personal, se rezan: “un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria”.

 

 

Por: Verónica Palacio | Fuente: pazestereo.com 

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Escudo de Candelaria, Candelaria es un municipio colombiano ubicado en el departamento del Valle del Cauca. se encuentra a 28 km de Cali. Gentilicio: Candelareñ@.        Superficie: 303 km².   Tiempo: 32 °C, viento del NO a 21 km/h, humedad del 55 %
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